viernes, 10 de julio de 2009

EL ARTE DE CAPTAR LA ESCENCIA primera parte


Estaba tan ansioso, que esos diez minutos que ella estuvo en el baño le parecieron una eternidad.
Estaba recostado sobre la cama, desnudo tapado apenas con las sabanas. Una fragancia excéntrica inundaba la habitación. A lo lejos se podía escuchar el ruido de los autos, era una noche silenciosa, de las que le gustan a él.
Miró para la derecha y vio que estaban las ventanas tapadas por las gruesas cortinas, impidiendo el paso de la luz de la luna. Miró para la izquierda y vio los carteles de las promociones del lugar apoyados sobre la mesita de luz. Miró el techo y se vio reflejado en los inmensos espejos. Se observaba como su cuerpo reposaba en la cama de dos plazas, como las luces de la habitación le daban diversos tonos a su piel. Todo estaba recubierto por un color ámbar, un color suave como la miel, todas las velas estaban en la intensidad justa para hacer de ese momento algo irrepetible.
Estaba muy nervioso. Trataba de buscar una posición adecuada para poder recibirla a ella para cuando salga y vio que había unos botones en la pared. Toco el primero y no paso nada. Toco el segundo y se prendió un televisor que estaba escondido en la pared. Se quedo mirando unos segundos la programación erótica que estaba dando el canal, miro extrañado el televisor y apago el mismo. Le quedaba por ultimo el tercer botón. Apoyo su dedo índice sobre el y por un segundo dudo de presionarlo, pero de todas formas lo hizo igual. Parecía ser que no había sucedido nada, pero había algo diferente en el ambiente. Un suave murmullo recorría el lugar. Pensó si realmente, si el ruido provenía de otras habitaciones, pero no era del propio cuarto. El sonido era como una música muy suave, como un jazz muy romántico. Los minutos corrían y el no podía descubrir que era ese eufonía que se movía sigilosamente en el aire.
Cuando estaba perdiendo la paciencia, se abrió la puerta del baño. Se quedo quieto, inmóvil, paralizado. Se podía ver como la luz del baño desentonaba con la del cuarto. Se acomodo rápido y vio que ella estaba ahí parada sobre el marco de la puerta.
Ahí estaba. Imperial, majestuosa, divina. No podía creer que haya un ser sobre la tierra tan sensual, tan perfecto. La observaba de la misma manera que un pintor observa a su musa antes de pintar sobre el lienzo. Estaba impactado, completamente hechizado.
Ella comenzó a caminar hacia la cama. A medida que daba un paso el olor de su cuerpo traspasaba la ropa y hacia que el quede completamente perplejo.
Su vestidito transparente seda, que le llegaba apenas un poco mas que a la cadera, se movía sobre ella como un cisne enamorado danzando sobre un lago cristalino y profundo como el reflejo de un espejo. Ahora ese sonido que lo perturbo durante unos minutos, eran notas angelicales que giraban alrededor de ella de una forma tan equilibrada, con tanta paz que sentía que su corazón no podía captar mas sentimientos y sensaciones. Su corazón palpitaba cada vez mas lento, pero mas fuerte. El eco de su mirada penetrante entre las luces lo hipnotizaron.
Ella gateando sobre la cama acerco su cara a él. Ahora el perfume que sintió a unos metros, era lo único que podía respirar, no deseaba respirar otra cosa. La mano de ella toco la suya, cerro los ojos con una calma infinita, disfrutando la hermosa e inigualable sensación de esa piel tersa, anacarada, cremosa que ahora reposaba tiernamente sobre él. Abrió los ojos muy despacio y ella le sonrió. Sin decirle una sola palabra, lo beso. En ese preciso momento en donde sus labios se fundieron, la sensación fue tan grande que parecía que habían colisionado dos galaxias. Fue un beso con tanto amor que me cuesta describirlo. Muchos hubieran matado o vendido su alma por un beso así. Entre besos y caricias sus cuerpos se juntaron y comenzaron a rodar sobre las sabanas tibias. Todo las luces comenzaron a disminuir lentamente. Solamente se podía ver los contorno de sus cuerpos amándose como nunca nadie lo había hecho en el mundo. El aire se estanco y el sudor comenzó a correr. En un parpadear las luces se apagaron.

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